Obra y Trayectoria

Obra de Alfonso Ariza

  • Ariza

Sintentizando podemos decir que, para acercarse a la obra de Alfonso Ariza, hay que empezar por tener en cuenta esa inquietud interior y necesidad expresiva que le llevarán a un exaltado proceso creativo, dentro de la plástica, en el que destaca la constante búsqueda y experimentación tanto técnica como temática y seguidamente considerar el cambio de voluntad artística sufrido en los años cincuenta que le moverá hacia el encuentro de nuevos órdenes estructurales alejados de los cánones clásicos, los cuales tratará de legitimar, incluso, con referencias naturalistas. En la suma de su obra podemos hallar como constantes invariables; el predominio de lo matérico, lo sígnico, lo gestual, y el espacialismo, como elementos de investigación, todo impregnado de un hondo expresionismo. Claves que desembocan en una apuesta consciente y absolutamente ética por la abstracción, con toda la carga teórica que esta presupone, y con las lógicas contradicciones que pueden encontrarse en alguien en un estado de permanente búsqueda.

La valoración del conjunto de su obra es algo necesario, tanto para situar la figura de Alfonso Ariza, en el lugar que merece, dentro del panorama del arte contemporáneo andaluz de las últimas décadas, como para contribuir a la configuración de dicho panorama, reivindicando las aportaciones que desde dentro de Andalucía se han vertido sobre los recientes movimientos artísticos de vanguardia, tanto a nivel nacional como internacional. En este sentido la figura de Alfonso Ariza resulta un ejemplo claro de la presencia activa de los autores andaluces en dichos movimientos, así como de la inquietud que renació tras el lapsus de la contienda civil y la primera etapa de postguerra en el contexto nacional, Ariza se nos presenta, pues, como un testigo y partícipe directo de la revitalización artística acaecida a finales de los años cuarenta en toda España, y que coincidió con la situación internacional, en la que la postguerra mundial generó los replanteamientos artísticos que dieron como resultado el auge del informalismo. En Europa y en EE.UU., grupos como "Nuova Secesione", "Grupo Cobra", "Escuela de París", "Escuela de N.Y.", "Escuela del Pacífico", etc. con individualidades como Vedova, Appel, Dubuffet, Pollck, Rothko o De Kooning, entre otros.

Ariza ve nacer su disposición artística en medio del contingente bélico de finales de los años treinta, y se forma académicamente en plena postguerra, en este hostil contexto, participa del germen que movió a diversos grupos e individualidades para, superando las imposiciones del Régimen, reencontrarse con el arte de vanguardia e incorporarse con pleno derecho a las tendencias que en aquel momento apostaban por un arte diferente, "Dau al Set", "Altamira", "el Paso", "Equipo 57", Saura, Tapies, Millares, por citar algunos. 
Encontramos ya presente a Ariza en la "Primera Exposición de Arte Contemporáneo" que tras la guerra se realiza en Córdoba, en 1953, organizada por Antonio Povedano en el Círculo de la Amistad, en la que participaron artistas de Madrid, Córdoba y Sevilla, a partir de este momento su presencia en los círculos de la vanguardia artística cordobesa será constante.

Su obra, partiendo desde los presupuestos academicistas aprendidos en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba, la Escuela Superior de Arte de Sevilla y del estudio directo de los maestros del Prado en Madrid, principalmente Goya y Velázquez; camina de forma decidida hacia en encuentro con la abstracción. Hecho que se producirá tras la estricta búsqueda de una forma diferente de expresión, la cual le llevará a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta a experiencias de corte surrealista, en las que ya se apunta hacia lo gestual y expresionista; para llegar a las "Térreas plásticas", a mediados de esa década, el descubrimiento de lo matérico, saciará de alguna manera su avidez por la experimentación técnica, el universo de lo textual abrirá para él un número ilimitado de posibilidades, tanto técnicas como expresivas, que le inducirán ineludiblemente, hacia el informalismo de finales de los cincuenta.

La exposición individual que tiene lugar en 1958 en la Sala Municipal de Arte, le consagra públicamente como un militante de la abstracción. Aunque en las obras presentadas en esta exposición predomine la tendencia normativa con una clara influencia del "Equipo 57", la propia naturaleza y carácter de Alfonso Ariza se encuentran más cercanos a los presupuestos expresionistas, campos en los que se moverá durante los años sesenta, investigando siempre entre las dos tendencias de la abstracción, la gestual y la normativa, para concluir en resultados de un claro expresionismo abstracto, pero en cuya esencia estructural pueden hallarse reminiscencias normativas, principalmente por su constante experimentación con los espacios interactivos, y los juegos lineales de perpendiculares, que desarrollará tanto en la pintura como en la escultura. Rastro que podemos seguir hasta su última época.

A partir de este momento se puede considerar a Alfonso Ariza como uno de los representantes más dignos en la tradición informalista de la abstracción española. Fila de las que no renegará en ningún momento de su vida, incluso durante los años setenta, en los que retoma la figura, "secuestrándola", como bien dice Angel Luís Pérez Villén, para la abstracción, desde la perspectiva de la "Nueva figuración", en su producción en este momento encontramos numerosos dibujos de tintes picassianos que hace coexistir con signos y garabatos gestuales, para llegar a convertirse en seres y criaturas, pobladoras del universo ariziano, al mismo tiempo que continúa volviendo sin cesar a lo matérico.

Durante los ochenta, la abstracción le lleva, de nuevo, a la búsqueda e interés por las formas y los procesos orgánicos, en los que la propia naturaleza genera formas abstractas, no en vano el arte abstracto, (y esto ya lo supo Kandinsky), se inspira en los medios con los que la naturaleza actúa sobre nuestra sensibilidad, desde las retorcidas formas de una raíz de olivo, o de la propia entraña de la tierra abierta por el surco del arado, todas estas referencias pueden ser halladas en las últimas terracotas de Ariza, al tiempo que nos acercan a los fantasmas y monstruos interiores que atormentan al hombre en el sueño de su razón y que el artista plasma con doloroso patetismo y con la firme intención de la obra abierta, en la que cada uno debe encontrar el rastro de sí mismo.

Cierra con ello el círculo Alfonso Ariza, donde la búsqueda de la verdad en el arte le lleva desde el mimetismo académico a la abstracción y el impulso gestual interior, para acercarse a las referencias organicistas, planteando una diferente referencia a lo real, en la que utilizando conceptos tan actuales como la ampliación de planos, y el cambio de punto de mira, consigue hacer visibles los menores detalles estructurales de los objetos, "restituyéndoles la fuerza perdida por la escasa capacidad de contemplación profunda y lenta del hombre contemporáneo", buscando la esencia universal y despojando a la realidad de todo lo que pueda ser transitorio, para llegar a aprehender el orden superior que late en todo lo existente.

Con tales premisas se plantea esta exposición, como ya se dijo al principio; con el objetivo primordial de unificar y dar cohesión a la obra de Alfonso Ariza; tarea que no se ha planteado como algo fácil, pues una de las características fundamentales del conjunto de la producción es, además de su abundancia, la de su diversidad, ya apuntada desde el comienzo.

La insaciable curiosidad de Alfonso Ariza le hacía adentrarse por caminos muy distintos. Podríamos, pues plantear numerosísimas exposiciones sobre Alfonso Ariza, todas nos mostrarían una Ariza diferente y todavía nos quedarían aspectos y matices por descubrir. En esta ocasión sólo se puede proponer una, pero con ella queda el emplazamiento para que en el futuro no se cierren las posibilidades de conocer a todos los Arizas, a todos esos "hijos", como él mismo los llamaba, que, con su capacidad de captar la esencia de las cosas que le rodaban y con el prolífico trabajo, quiso legarnos.