Lectura, ni obligación ni castigo

Lectura, ni obligación ni castigo

17 Ago 2016

La desidia de los jovenes por la lectura

Los expertos consideran que la escuela «no es la única responsable de que se lea más o menos» Los alumnos abandonan el gusto y la práctica por la lectura durante su paso a la adolescencia

GUILLERMO BALBONA/SANTANDER

Consideran que el entorno familiar es clave en la motivación a la lectura y subrayan la necesidad de concienciar a todos los estamentos sociales, administraciones e instituciones sobre la «responsabilidad compartida» en lo que concierne a la formación de lectores. En este sentido, profesores y catedráticos están de acuerdo: «la escuela no tiene la responsabilidad en solitario de hacer lectores».

Los educadores, psicólogos y especialistas reunidos esta semana en La Magdalena admiten que, en ocasiones, se produce un claro rechazo de la lectura resultado de una «mala selección», pero observan que es más frecuente lo «inoportuno e inadecuado» de asociar textos clásicos a determinados segmentos de edad del joven lector. Aunque las cifras hablan de mejora - «la lectura en España vive la mejor situación de los tiempos recientes»- lo cierto es que existe «preocupación» y una inquietud generalizada del sector educativo ante el fenómeno del abandono de la lectura enlas fases que llevan a la adolescencia.

Los expertos manejan y estudian métodos, estrategias, guías, modelos...pero permanecen intactas y constantes las cuestiones vinculadas a los ámbitos educativo y cultural: «la importancia de la familia; el debate sobre lecturas voluntarias y obligatorias; o el drama de las bibliotecas escolares que viene arrastrándose desde hace tres décadas pese a las notables mejoras» de equipamientos y usos.

El catedrático de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Castilla-La Mancha, Pedro César Cerrillo, dirige hasta hoy el foro sobre 'La motivación a la lectura a través de la literatura infantil', uno de los cursos de formación del profesorado de primaria. El experto, quien se mostró convencido de que «la escuela no es la única responsable de que se lea más o menos», subrayó la necesidad de incentivar en los jóvenes la lectura y consideró un «error» vincularla al castigo o a la obligación.

En este sentido, la lectura asoma como «una elección individual» por lo que destacó la importancia de que ambos mundos, escuela y familia, definan su campo de actuación e influencia en la formación del lector. «En los centros educativos todos los niños leen, pero luego llegan a sus casas y se les castiga a no ver la televisión y a leer en sus cuartos».

La preocupación actual se centra en la existencia de dos momentos decisivos en el abandono de la práctica de la lectura: el primero cuando se produce el salto de Primaria a Secundaria (11-12 años) y el segundo al pasar de Secundaria a Bachillerato, coincidiendo con la plenitud de la adolescencia. En este periodo o tramo, recordó Cerrillo, «se pierde casi un 30 por ciento de lectores, lo que se une al hecho de que un número importante de escolares tiene problemas de comprensión de los textos que leen» (más de un 80 por ciento de estudiantes que a los 11 años les gusta leer, se convierte en un cincuenta por ciento o menos, a los 14). Por ello los educadores ven urgente la necesidad de «intervenir» y atajar la situación.

En su descripción del panorama general, Cerrillo apuntó que «nunca ha habido tantos lectores como en este momento»; reconoció que a veces los textos que se eligen como obligatorios en los cursos «no son los más adecuados para motivar a la lectura»; y consideró lamentable que «muchas familias castigan a sus hijos a no ver la televisión y a leer un libro en el cuarto, lo que supone una identificación de la lectura como castigo». Gráficamente, el catedrático recordó la cita de que «leer es un verbo que no tiene imperativo».

En su intervención, junto a la profesora Luisa Girona, secretaria del curso, se mostró partidario de que en el nuevo Plan Nacional de Lectura «se incluyan líneas de formación de mediadores», y apuntó la necesidad de que las bibliotecas escolares «abran fuera del horario lectivo y sean atendidas por personal especializado».

Cerrillo y Girona no se decantaron por una fórmula específica para motivar hacia la lectura, pero dejaron claro que «el único método fiable para conseguir lectores es la propia lectura literaria». Frente a ello, analizaron el hecho de que las nuevas tecnologías «provocan que al menos se lea en pantalla pero crean lectores sin capacidad para discriminar mensajes». Lectores que Cerrillo calificó de «neoanalfabetos», adultos a los que la UNESCO sitúa «al borde del analfabetismo funcional».

Finalmente, los educadores subrayaron cómo en el pasado el «lenguaje modélico» se situaba y reflejaba en los escritores, pero ahora es frecuente el lenguaje «irrespetuoso, bárbaro o incorrecto» con el que los protagonistas de las series televisivas hablan entre ellos, lo que supone un reflejo pernicioso como modelo» para los adolescentes que las ven de forma masiva.

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